Hace largo tiempo, en un pueblo que se encontraba a las afueras de lo que hoy en día es Ciudad del Rock Eterno, había un hombre llamado Jara el Temerario, y nadie sabía por qué, pero todas las mujeres del reino lo amaban.
Un día, los ancianos sabios decidieron averiguar a que se debían sus habilidades de seducción, pero las respuestas que obtuvieron les resultaron de poca ayuda.
“Es acaso muy apuesto?” – Preguntó uno de ellos.
“No, de hecho es algo feo” – Le dijo la hija del panadero.
“¿Entonces es por su gran personalidad?” – Preguntó otro.
“No, la verdad es muy tímido” – Dijo la criada mientras limpiaba los patios del castillo.
“¿Entonces que es lo que os gusta de él?” – Preguntó el tercero, un poco frustrado.
“No lo sé” – Dijo la princesa, a la vez que una sonrisa se dibujaba en su rostro – “Abraza Rico… tiene algo”.
Y efectivamente nuestro héroe tenía algo; Pues cuenta la leyenda que en sus pantalones ocultaba una lanza de más de 30 cms., con la cual era capaz de atravesar valles y hacer temblar montañas.
Pero Jara el Temerario no era como cualquier hombre, y a pesar de haber recibido millones de cartas de matrimonio de todas las mujeres del reino, él era muy valiente, y no tenía miedo a revolcarse en combate con dragones, ni en la cama con ogros.
“No, de hecho es algo feo” – Le dijo la hija del panadero.
“¿Entonces es por su gran personalidad?” – Preguntó otro.
“No, la verdad es muy tímido” – Dijo la criada mientras limpiaba los patios del castillo.
“¿Entonces que es lo que os gusta de él?” – Preguntó el tercero, un poco frustrado.
“No lo sé” – Dijo la princesa, a la vez que una sonrisa se dibujaba en su rostro – “Abraza Rico… tiene algo”.
Y efectivamente nuestro héroe tenía algo; Pues cuenta la leyenda que en sus pantalones ocultaba una lanza de más de 30 cms., con la cual era capaz de atravesar valles y hacer temblar montañas.
Pero Jara el Temerario no era como cualquier hombre, y a pesar de haber recibido millones de cartas de matrimonio de todas las mujeres del reino, él era muy valiente, y no tenía miedo a revolcarse en combate con dragones, ni en la cama con ogros.
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